La franquicia: El modelo de negocio del siglo XXI
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Así lo han demostrado economías de países como China (que ofrece el mayor número de franquicias), Estados Unidos (el país con los conceptos más populares y cuyas enseñas más facturan) y Australia (el que más franquicias per cápita tiene en el mundo).
También en Europa ha cambiado el paradigma de muchos empresarios, que han visto en este modelo de negocio una forma de establecerse en nuevos mercados, de brindarle una oportunidad de crecimiento a emprendedores de valores y metas similares, y desde luego, de facturar desde un nuevo frente: El de sus franquicias.
Así ha ocurrido con las tres grandes economías del continente (Alemania, Inglaterra y Francia) y también ha pasado con otros que países como España (todos con más de 1.000 modelos de franquicia desarrollados), han servido de ejemplo para impulsar este modelo en otros países como Italia y Portugal.
En América Latina, los dos países que más franquicias disponibles tienen son México y Brasil, que tienen cifras que en algunos estudios superan las mil enseñas por país; seguidos Argentina, Venezuela y Colombia, que tienen algo más de 300.
¿Qué hace que en la franquicia ambas partes ganen y que se perfile como el modelo de negocio del siglo?
El modelo de negocio de la franquicia se basa en la transferencia, básicamente, de dos bienes de una empresa (franquiciante) a un emprendedor (franquiciado). Estos bienes son: El uso de la marca y el Know How (conocimiento).
Desde luego esta transferencia debe ser organizada y manualizada (de ser posible, por una consultora especializada) y esta transacción, desde luego, tiene un costo calculado en su cánon de entrada, en las regalías que debe pagar y, en algunos casos, en el cánon de publicidad, que debe cancelar el franquiciado.
El franquiciado recibe así, la experiencia y experticia del franquiciante, hace uso de su marca, de su imagen corporativa, asegura (en algunos casos) tener los mismos proveedores de la enseña, para que la calidad de los productos o servicios no cambie, y se adhiere a sus valores, todo con el fin de emular el éxito obtenido por la empresa franquiciante con sus puntos propios o en otros mercados ya franquiciados.
El franquiciante, por su parte, gana en crecimiento y posicionamiento de su marca en nuevos mercados, obtiene beneficios económicos y además desarrolla una línea de negocio nueva que le reportará a corto, mediano y largo plazo, grandes dividendos, que en el caso de las grandes franquicias, termina haciendo que el core (esencia) de su negocio se traslade al manejo de sus franquicias (maestras o individuales) y desarrollo de nuevos productos o servicios complementarios para estas.
Estas razones empresariales bastarían para decir que este modelo de negocio se perfila como el gran cambio de paradigma económico del siglo XXI, pero no hay que olvidar sus cifras de generación de empleo sostenible (pues las franquicias son negocios más seguros que los tradicionales).
Además es un modelo de gran crecimiento a nivel mundial, en Colombia, por ejemplo, en el año 2008 existían alrededor de 210 modelos de franquicia con puntos en funcionamiento, y el 2009 se cerró, como ya se había nombrado, con algo más de 300, cifra a la que se llegó incluso, a pesar de la crisis económica internacional.
Sin embargo, para que las franquicias se desarrollen aún más, es fundamental que los empresarios exitosos abran las puertas de sus negocios a otros y que entiendan que dicho modelo les asegura control sobre el crecimiento, y también obtención de sinergias y nuevas dinámicas para su compañía, que con la franquicia se reinventa para el siglo XXI. Igual si no lo hacen, quizá su competencia si dé ese gran paso…
Por: Mario Leonardo Murcia / Director de Contenidos
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