La formación no sólo es
un requisito indispensable y fundamental en el sistema de franquicia,
sino que a este respecto se pronuncia expresamente la normativa
comunitaria aplicable a los acuerdos de franquicia.
Así el Reglamento establece "que un acuerdo de franquicia
comprende la comunicación por el franquiciador al franquiciado
de un know-how" y señala "la obligación
del franquiciado de asistir y hacer asistir a su personal a cursos
de formación organizados por el franquiciador".
La formación de un franquiciado no sólo consistirá
en aportarle un adiestramiento adecuado al inicio de la explotación
de la actividad. Esta formación habrá de prolongarse
durante toda la relación de franquicia.
Por tanto, debe diferenciarse entre formación inicial y formación
continuada.
La formación inicial tendrá que transcurrir deseablemente
por tres etapas claramente diferenciadas:
• Una formación
teórica referente a los aspectos relativos al negocio y al
sistema de franquicia que por lo general se desarrollará
en las instalaciones de la central franquiciadora.
• Una formación
práctica para la aplicación de los conocimientos adquiridos
en la fase inicial. Aquí se planteará al franquiciado
la posibilidad de una completa dirección de un centro piloto,
bajo la supervisión directa de personal especializado del
franquiciador.
• La asistencia
técnica y comercial de la que podrá beneficiarse el
franquiciado en el propio punto de venta en los inicios de la actividad.
Para la primera fase, formación teórica, el franquiciador
tendrá que organizar y desarrollar un programa formativo
capaz de facilitar al franquiciado suficiente información
relativa no sólo al propio concepto de negocio en sí,
sino también respecto a las particularidades que identificarán
y personalizarán la relación entre ambas empresas.
Serán las características del sector de actividad,
la complejidad de la transferencia de información y de los
requerimientos operativos precisos y, como es lógico, el
rigor y profesionalidad del franquiciador y las aptitudes del propio
franquiciado, lo que realmente condicione la duración de
un programa de formación de apertura.
En cuanto a la segunda etapa de la formación inicial, la
formación práctica, ésta perseguirá
un doble objetivo:
• El desarrollo
de las funciones inherentes a las diversas secciones o departamentos
del punto de venta por parte del franquiciado - comercial, aprovisionamiento,
administración, marketing...
• La dirección
supervisada del completo funcionamiento de un punto de venta piloto,
por lo general el más próximo a la localidad de implantación.
Formación Técnica y Comercial: será, no obstante,
con la asistencia en la situación al franquiciado durante
las primeras etapas de funcionamiento de su nueva unidad operativa,
cuando puedan concretarse infinidad de procedimientos y subsanarse
las más que numerosas dudas que se le pueden plantear al
franquiciado en el transcurso de una jornada normal de trabajo.
Poder disponer de la presencia de personal especializado del franquiciador
en un momento tan difícil como es el de enfrentarse a la
dura realidad de su mercado, constituirá de por sí
un excelente término a su formación inicial.
Por último, los servicios de asistencia, se configuran como
realmente esenciales en lo que a la transmisión de experiencias
se refiere y que habrán de formar parte necesariamente de
un programa de franquicia.
Estos son, entre otros los que se establecen a continuación:
• Ubicación
del local
• Asignación
de áreas de influencia de exclusiva.
• Elaboración
de presupuestos de gestión.
• Determinación
de los stocks de apertura y seguridad.
• Apoyo en la realización
de acciones comerciales.
• Planificación
y creatividad publicitaria.
• Investigación
del mercado.
• Coordinación
de campañas globales de publicidad y promoción.
• Planteamientos
de adecuación, decoración y equipamiento.
• Desarrollo conceptual
del negocio.
• Sistemas de administración
y gestión del negocio.
Por su parte, la formación continuada se impartirá
por el franquiciador de diferentes formas:
Seminarios periódicos de formación; la permanente
investigación que del mercado habrá de realizar el
franquiciador, podrá traducirse en la necesidad de implementar
cambios técnicos o comerciales más o menos importantes
que habrán de trasladarse a todos los puntos de la cadena.
En definitiva, de nada servirá organizar y aplicar un excelente
programa de formación al inicio de la relación de
franquicia, si las empresas franquiciadoras no son capaces de mantener
en el tiempo una estructura capaz de garantizar la oportuna preparación
de los diversos eslabones de la cadena.
Por tanto la organización de seminarios de formación
hará posible la transmisión de las mejoras que progresivamente
fuera experimentando el Saber Hacer del franquiciador, que dicho
sea de paso, tendrán su origen en numerosas ocasiones en
las aportaciones de los propios franquiciados.
Convenciones de Franquiciados; suelen ser estos encuentros, regionales
o nacionales, de franquiciados una excelente oportunidad para la
organización de sesiones de trabajo con muy diversos objetivos:
• Presentación
de datos generales de la red.
• Campañas
publicitarias y promocionales.
• Incorporación
de nuevos productos.
• Variaciones en
la imagen corporativa.
• Modificaciones
de aspectos decorativos.
• Mejoras de sistemas
informáticos de gestión.
• Presentación
de grandes cuentas.
• Exposición
de servicios externos...
Los temas a tratar en estas sesiones suelen por lo general ser
objeto de un trabajo previo entre el franquiciador y un comité
de franquiciados. Una vez expuestos los temas al consenso de todos
los franquiciados de la red, se decidirá sobre la conveniencia
de acometerlos o no, condiciones y plazos.
Seminarios de formación de reciclaje; tendrán por
objeto la actualización de conocimientos respecto a ciertas
áreas del negocio en las que éstos muestren ciertas
debilidades de gestión.
Información continuada de utilidad para la red; una comunicación
fluida entre franquiciador y franquiciados será un factor
imprescindible para que estos últimos cuenten en todo momento
con la formación más apropiada de cara a la cobertura
de las exigencias del mercado. Para ello los medios más habituales
serán las circulares informativas y las publicaciones internas
a modo de boletín informativo de la red.
De esta forma, el franquiciador podrá mantener convenientemente
informada a toda su estructura franquiciada en temas tan relevantes
como:
• Evolución
y nuevas tendencias del mercado.
• Información
económica de la red.
• Apertura de nuevas
tiendas.
• Acuerdos con proveedores.
• Nuevos productos
y procedimientos.
• Contribuciones
de otros franquiciados.
• Negociaciones en
curso...
Como es de suponer, la colaboración entre franquiciado y
franquiciador en estos aspectos es elemental para el éxito
del acuerdo. Sin duda en todos ellos se pondrán de manifiesto
las experiencias adquiridas por el franquiciador con la explotación
de la actividad en diversos mercados y durante un periodo de tiempo
que, al menos, habrá de ser relativamente amplio.
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